sábado, 15 de septiembre de 2007

Capítulo7

Natalia, Enrique, y un cementerio

- Esto es todo –preguntó Boris.

- Todo lo que te puedo decir yo – Exclamó con calma Enrique.

Enrique era el dueño de la librería “El Castillo” En Junín 381, casi esquina Corrientes. Un ser agradable y callado que conocía vida y obra de cada personaje nocturno de la noche de Buenos Aires.

Ayumi nunca le había conocido un amigo en el mundo a Boris salvo por ese hombre barbado de mirada serena y modales encantadores y educados.

Boris lo profesaba un profundo rendibú a sus conocimientos y cuando Ayumi quiso hacer una broma diciendo que era “mejor que la Internet”

Boris le dio una palmada en el trasero lo suficientemente fuerte como para dejarle la cola “picando”. Boris no era una persona que le tuviera mucha admiración y respeto a alguien o algo pero, sin embargo, Enrique parecía ser el único mortal sobre la tierra que él sentía algo parecido.

- ¿Y quien podría darme algún dato más...?

- Podrías...- Enrique guardo silencio y se quedó mirando la nada, sin embargo sus ojos se movían a toda velocidad revelando una tormentas de ideas. Luego miró dubitativamente el receptor telefónico y sin decir palabra marcó un numero y habló quedamente por unos instantes.

- Hay una chica, se llama Natalia. Vive en esta zona pero conoce mucho por que es artesana y vende sus productos de puerta en puerta. Ella fue la que pudo ver la “Joya” sin tener mayores problemas. Le pedí que viniera.

Ayumi tocó suavemente el brazo de Boris y le indicó con la mirada que saldría a la calle. Necesitaba aire fresco y pensar en lo que había pasado la noche anterior.

Luego de que Aiko le hubiese abierto la puerta de calle a su misteriosa y anónima amiga con la cual la encontró haciendo el amor, y que en un primer momento o golpe de vista o como quieran llamarlo, le pareció que era...

Bueno, no estaba segura de lo que pensó que era. Parecía un marciano de “Marte Ataca” de la película de Tim Burton.

Se acostó desganada en su cama temblando por que la noche había sido dura y por momentos aterradora.

Andá armada...

Todavía no había podido hablar con Boris sobre el tema, pero su advertencia le latía en los oídos con el ritmo de su propio corazón.

Un dolor tenue pero tenaz se le había instalado en la cabeza quitándole el apetito y el sueño y las ganas de cualquier cosa en general.

Aiko se sentó silenciosamente a su lado y le toco con dulzura la nalga izquierda en un código común que tenían para pedirse perdón mutuamente y disculparse haciendo el amor. Si entender por que Ayumi estalló.

- ¡¿Pero que te pasa nena?! ¿Seguís caliente? ¿No te alcanzo con tu amiguita que todavía querés coger conmigo? – se arrepintió en el mismo momento que la última silaba salía de su boca pero ya era tarde. Se quedó mirando a Aiko temblando de nervios y sin atinar a nada. Esperando que su amiga le propinara un merecido cachetazo y desapareciera de su habitación por esa o varias noches.

En cambio, Aiko la miró por unos segundos y luego con una sonrisa triste la abrazó y le obligo a hundir su cara entre sus breves pero cálidos pechos y así la sostuvo hasta que Ayumi perdió todo rastro de resistencia y comenzó a llorar en silencio hasta que se quedó dormida.

Supuso que luego Aiko la desnudo y la metió dentro de las frazadas. Cuando se despertó ya era de tarde y Aiko se hallaba tomando café y charlando quedó con Boris en la cocina.

Cuando se levantó Aiko le dio un beso rápido en los labios y con un seco “cuidate” se marchó.

Boris vió como Aiko se marchaba, pensativo. Luego se acercó suavemente a Ayumi, la abrazó y la beso tiernamente y le murmuró al oído: “No seas dura con Aiko. Te quiere más de lo que te imaginas”

Ayumi no le contestó, Se desprendió apaciblemente de Boris y se dirigió al baño y se quedó casi treinta minutos bajó la ducha. Cuando salió se sorprendió a ver a Boris “vestido” a la manera que ella denominaba de “combate”. Su impermeable, su sombrero de vaquero y el pañuelo que le ocultaba el rostro.

Se vistió rápidamente con un breve vestido tipo “musculosa” y unas zapatillas de básquet, tomó una campera abrigada y casi corriendo salió detrás de él que ya se encaminaba hacia la calle. No se atrevió a preguntarle si lo había ofendido y por eso reaccionaba así. Con Boris nunca, pero nunca se sabía.

El sonido estridente de un bocinazo la trajo de nuevo a la realidad. Adentro del local Boris y Enrique estallaron en una sonora carcajada y eso la tranquilizó. Si bien saber si Boris estaba ofendido o no era difícil, oírlo reír a carcajadas lo era mucho más.

Enrique lo acompaño hasta la puerta.

- Andá al “Bellagamba”, ahí la vas a encontrar. Buscá a alguien que esté con un muestrario de “bijou”

- ¿Te traigo unas empanadas? – preguntó con un guiño cómplice Boris

Enrique sonrió y levantó varias veces la cejas mientras se frotaba el estomago. Las empanadas del bar- rotíseria “Bellagamba” tenían fama poco menos que mundial. Al menos todos los bohemios, artistas, músicos y poetas lo conocían.

El “Bellagamba” queda en Rivadavia 2138, entre Junín y Uriburu. Allí frente a dos gloriosas empanadas de jamón y queso, una bella joven de unos 23 años se hallaba sentada. Supieron que era Natalia por que a su lado descansaba una carpeta repleta de aros, pulseras y collares artesanales.

Boris se presentó y luego lo hizo con Ayumi y tomó asiento frente a la joven. Ayumi que había perdido momentáneamente el interés en casi todas las cosas se dirigió hacia la bandeja de comidas, tomó un par de empanadas sin preocuparse de que estaban hechas y al pasar por la heladera una botella de cerveza “Quilmes” de litro. Mientras esperaban que le cobren en la caja recordaba la charla que había tenido durante las cuadras que separaban la librería del bar.

- Tuve mucho miedo...

- Te dije que fueras armada...

- Pero Boris... ¡Tendrías que haberme advertido algo más! – su vos se le quebró y lucho tenazmente para no llorar – ¡En una misma noche, conozco un fantasma, me trata de violar un borracho y casi me atrapa una cosa de otro mundo u otra dimensión o andá a saber que mierda... Y para colmo cuando llego a casa me la encuentro a Aiko cojiendo con un marciano que al final es una mina o anda a saber que mierda... Es como mucho ¿no...? –la vos de Ayumi se termino de diluir y el llanto afloro como una botella de gaseosa a medio destapar.

- Y, si... – exclamó apaciblemente Boris – Escuchándolo así: Suena forzado...

Ayumi lo miró atónita, con los ojos redondos como platos, sin saber que pensar. Era imposible saber si Boris estaba haciendo una broma. Su boca estaba cubierta por el pañuelo y ojos se hallaban velados por la lobreguez del sombrero.

Lo tomó del codo y lo obligó a detenerse. Desde la oscuridad, la silueta de Boris era amenazante. Solo podía ver su espalda y su sombrero recortado contra el cielo nocturno. Ayumi tragó saliva y no pudo articular palabra, temblaba de pies a cabeza y se frotaba los brazos para poder conferirse un poco de calor.

Los cielos se cerraron una ves más en ese invierno que decidió no dejar de llover jamás. Una gota enorme y dura como un botón cayó en su mejilla haciéndola parpadear. Se limpió la gota con furia, se sintió ahogada en su confusión y una profunda sensación de vulnerabilidad la embargó hasta mover impotente la cabeza en un gesto negativo.

La vos de Boris, dulce como el almíbar, le dijo “vamos” y todo rastro de pena salió de Ayumi como un ángel prófugo.

Luego de eso la tomó del hombro y la pegó a su cuerpo protegiéndola en parte de la lluvia, caminando en silencio hasta el bar.

Llegó hasta la mesa en donde Boris escuchaba y Natalia hablaba animosamente, la miró a Ayumi y le regaló una amplia sonrisa haciendo que Ayumi se sintiera cómoda de inmediato y se ganara su confianza inmediatamente.

- Todo comenzó con una apuesta – continuó Natalia su relato – Mi marido y yo estábamos cerca de Recoleta y con un grupo de amigos apostamos que nos podíamos meter en el cementerio de noche y sacar fotos, divertirnos, esas cosas... Tonterías que haces cuando tomás un poco de más...

En ese momento Boris estaba sirviendo cerveza en un vaso a Ayumi, al escuchar el comentario de Natalia detuvo en seco el movimiento, sopeso la cantidad que le había servido a Ayumi y juzgo que era suficiente.

Ella lo miró molesta, tomó la botella y se sirvió generosamente.

Una mano le pellizco suavemente un pezón de su pecho izquierdo, sobresaltándola y haciendo que derrame un poco de la ambarina bebida. En la semipenumbra del local nadie lo notó pero ella se sobresaltó sin desagrado. Ese tenía que ser Boris, el que la había pellizcado, pero... ¿Cómo diablos lo había hecho, si tenia ambas manos entrelazadas sobre la mesa y a la ves apoyaba su mentón en ellas mientras escuchaba con atención a Natalia?

¿Podría no haber sido él...? Tanto fantasma dando vueltas por ahí últimamente...

Boris la miró de reojo furtivamente y pudo ver en su mirada la chispa traviesa que de tanto en tanto anidaba en sus pupilas denunciando que indudablemente había sido él quien la había pellizcado. ¿Cómo? Bueno... Era Boris, patriarca de las cosas raras e imposibles, pero que indudablemente la cuidaba y se preocupaba por ella. Nunca le diría que la quería y mucho menos que la amaba... Pero le brindaba tranquilidad en ese momento y eso era todo lo que ella necesitaba.

Más serena decidió prestar atención a la historia de Natalia.

- Entrar al Cementerio no fue ningún problema – continúo la joven artesana que había dado cuenta de una de las empanadas y comenzaba alegremente a consumir la otra – Alan, mi marido, le dio unos pesos al cuidador que ya de por si estaba algo ebrio y nos dejó pasar. Al principio yo tenía miedo, pero después fue como que me acostumbre. De afuera venia bastante luz, los sonidos de la avenida, los autos. Estaban mis amigos y mi marido. Habíamos encontrado falso valor en la bebida, en fin... Lo típico.

Después Alan se puso a contar una historia de terror. Él es actor y tiene la voz impostada y realmente es muy bueno para contar historias. Nos sentamos al pie de un monumento mortuorio a escuchar su relato. Luego de ese vino otro y otro y otro más, hasta que de a poco comenzamos a asustarnos de verdad. Alan parecía estar disfrutando enormemente la situación. No notamos como sigilosamente habían desaparecido algunos de nuestros amigos. Cuando varios de ellos saltaron desde un pequeño muro en medio de la parte más aterradora del relato todos salimos corriendo despavoridos.

Yo solo corrí, me pareció que una de mis amigas corría a mi lado y me decía: “Dale Naty... Corré, corré... “ Pero no había nadie conmigo. No sé si me perdí o nunca hubo una amiga a mi lado. Recién cuando me calme y además no podía dar un paso más, me detuve y para mi terror no tenia la menor idea de donde estaba.

Pero lo que si sabia a ciencia cierta es que estaba sola en un cementerio... De noche.

Comencé a caminar siguiendo mi intuición y diciéndome a cada rato que no tenga miedo, que no podía pasarme nada que a lo sumo iban a aparecer en cualquier momento algunos de los tontos de mis amigos o mi marido preocupado y con cara de perro que tiró la olla, deshaciéndose en disculpas por haberme asustado. Por eso tenés que entender que cuando empezaron a pasar las primeras cosas raras no pensé que estaba frente a algo sobrenatural, pensé que era una broma de los chicos...

Jamás pensé que estaba atravesando el umbral que separa la tierra de los vivos a la de los muertos...

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