-Ya llegamos ¿A ver la hora? – Aiko sacó su celular del cual colgaba un pequeño osito de peluche y consultó la hora.
- ¿Tiene algo que ver la hora? – preguntó Ayumi.
- Mucho. Mira la casa.
Al salir de la librería de Corrientes Ayumi guardó el libro de Prevert que había comprado en su mochila y luego tomó del cuello a una Aiko que no paraba de reírse. Mientras caminaban Aiko trataba de detener la risa de su compañera con distintas técnicas muy variadas que iban desde el estrangulamiento, las cosquillas, hacerse la ofendida, hasta, incluso, bajarle los pantalones. Pero esto ultimo no afectó en lo absoluto a su amiga y más vale consiguió el efecto contrario. Con el pantalón a media cadera y con una pequeña tanga cola less negra y plateada a la vista, un grupo de cuatro o cinco adolescentes las silbaron y comenzaron a decirle groserías. Ambas se sintieron mitad ofendidas y mitad ofensivas por lo que tomaron una actitud seria, casi solemne y se alejaron del grupo que en definitiva solo eran unos chiquillos inofensivos, pero ambas estallaron en risas contenidas al llegar a la esquina.
Al llegar a la esquina de Ayacucho y Corrientes Aiko sacó una petaca de licor de café de su mochila y se la extendió a Ayumi que la tomó maravillada y agradecida.
- ¿Qué haces, me leés la mente? – Pregunto Ayumi mientras destapaba la pequeña botella de licor.
Aiko no le contestó, se limitó a sonreír brevemente y permaneció callada mientras caminaban por Ayacucho. Recién rompió el silencio cuando se detuvo a mirar la hora en su celular.
- ¿Y que se supone que tengo que ver? – dijo Ayumi un poco más reconfortada por el alcohol.
- Prestá atención – los ojos de Aiko tenían un extraño brillo – Boris tenia razón...
Ayumi miró en dirección a donde se dirigía la vista de su amiga pero no pudo distinguir nada en un primer momento. Solo veía la ya conocida casa, supuestamente embrujada, que para ella era una casa vieja, antigua en realidad, bien conservada y con el movimiento normal de cualquier casa transformada en oficina.
Por supuesto que de noche se la veía un poco mas ominosa, tal ves algo espectral pero nada más que eso. Y la noche fría y lluviosa de julio no ayudaba en nada para conferirle el aspecto de un paisaje de Disneylandia.
-Daisy no veo na... –
- ¡Shhhhh...! – La joven oriental llevó ambos dedos índices a las distintas bocas lo que logró el silencio inmediato y un poco sobresaltado de Ayumi.
(En vos muy baja) – No me llames Daisy... y mirá bien...
Ayumi agudizó los ojos hasta casi transformarlos en dos ranuras y entonces lo
vió. Al principio con mucha dificultad pero luego la imagen era tan obvia que no comprendió como no pudo notarlo antes.
En las escaleras de mármol y en plena oscuridad se hallaba un joven, sentado con la cabeza gacha, parecía tener algo en su manos.
- ¿Quien es? – preguntó también en vos baja Ayumi, y luego agregó maliciosamente – Daisy...
- Se llama Sebastián... Jerónimo Sebastián...
- ¿Y quien es?
- No sé.
- ¿¡Como que no sabes!? ¿Y entonces que hacemos acá?
- No es tan importante lo que estamos haciendo nosotras – la vos de Aiko sonaba incógnita –lo importante es lo que está haciendo él...
- ¿Y que se supone que está haciendo?
- Volvé a mirar bien...
Y por más que al darse cuenta y en su cabeza trató de darle las vueltas suficientes para encontrarle una explicación, no la halló, y el temor se apoderó de ella de forma tan absoluta que ni el licor lograba aplacar la inquietud.
Ya que el joven estaba leyendo un libro... en la más absoluta oscuridad.
Un Encuentro
- ¿Cómo hace para ver? – Preguntó temerosa Ayumi.
- A lo mejor no le hace falta – Respondió Aiko con un tilde jocoso en la vos que Ayumi no pudo entender.
- ¿Qué...? ¿Lee braile?
- Shhh... Vamos que se está yendo.
Ayumi dirigió velozmente la mirada hacia la casa “embrujada” en cuyas escaleras el misterioso joven leía un libro en la oscuridad. Este se hallaba de pie en la vereda y caminaba en dirección de la Av. Rivadavia. Ambas mujeres comenzaron a caminar detrás de él a una distancia prudencial.
Ayumi, al pasar puntualmente por el frente de la casa, logró llamarle la atención los portones de la entrada. Eran pesados y enormes. Sin duda una persona los podría manipular sola pero no sin hacer ruido, y el muchacho no produjo ninguno al salir a la calle. El dato no le indico nada a Ayumi pero lo archivo en su carpeta de antecedentes incómodos que tarde o temprano le quitarían el sueño.
Caminaron detrás del individuo siguiéndolo por Ayacucho hasta que cruzó la Av. Rivadavia.
Ahora y ante los ojos de Ayumi la casa se le mostraba como una típica casa de terror de las películas.
Caminaron por Ayacucho, la calle luego de pasar la avenida, cambia de nombre como todas las demás y pasa a llamarse Sarandi.
Llegando casi en la esquina de Hipólito Irigoyen ocurrió.
- Aiko...
Una vos de mujer se desprendió de la oscuridad.
Ambas mujeres se inmovilizaron inmediatamente. La mano de Ayumi se deslizo de inmediato a la parte posterior de su espalda en donde descansaba su “Bersa” pero Aiko la detuvo con suavidad.
- No... Dejá... Me busca a mi...
De la oscuridad se desprendió la figura de una mujer. Una belleza de largos cabellos completamente vestida de negro. Tal ves la mujer occidental mas hermosa que Ayumi hubiese visto en su vida. Una extraña excitación la embargo de inmediato algo totalmente fuera de lo común ya que no era habitual que las mujeres la atrajeran de inmediato, si le ocurría con los hombres.
- Buenas noches... - la vos de la misteriosa extraña era aterciopelada y levemente cascada, lo que le produjo una adyacente humedad vaginal a Ayumi que se ruborizó de inmediato, como si dicha acción pudiese reflejársele en el rostro.
Aiko miró a Ayumi que con una mirada culpable, la abrazó y la beso brevemente en la boca.
- Estas sola desde acá – Boris me pidió que así fuese. No tengas miedo...
Ayumi la miro rayana en la desesperación pero sin atinar a decir nada. Su amiga desaparecía en la noche con una perfecta extraña, dueña de una belleza excepcional.
- Aiko... –atinó a decir.
Aiko se dió vuelta y corrió a abrazarla fuertemente. En sus ojos se podía ver un amor infinito y eso la tranquilizó.
- Apurate –le dijo mientras le frotaba tiernamente una mejilla – Lo vas a perder... –la tomó de los hombros y la obligó a girar, el muchacho casi se perdía de vista a dos cuadras de distancia. Con una palmadita en la cola Aiko la obligó a caminar a modo de despedida.
Ayumi comenzó a avanzar en dirección al chico pero volteaba la cabeza para poder mirar a su amiga alejándose.
Aiko le hacia señas de que continuara mientras caminaba a la par de la extraña mujer.
Cuando comenzó a perderlas de vista su instinto le dijo que corriera hacia el joven.
Marchó ágilmente en dirección contraria a Aiko. Con un ultimo vistazo hacia atrás le pareció ver que la mujer tomaba a su amiga de la cintura y la besaba con pasión. Una punzada de celos le recorrió el rostro sintiéndose irritada y humillada a la ves. Pensó que Aiko la iba acompañar hasta el final. No era su madre como para decirle que tenía que hacer, pero si eran las mejores amigas como para que la tenga en cuenta; y que no le presentara a la misteriosa dama la sacaba de lugar. No siempre compartían amantes y Aiko podía llegar a estar ausente durante meses. Le gustaba viajar y en una ocasión se fue a vivir unos meses con un pimpollo llamado Martín. Durante ese período Aiko la visitó poco y nada, suponía que pretendía hacer buena letra con el nuevo novio pero luego se entero que el chico era celoso y que le había prohibido verla. Dedujo que Aiko le hizo caso el tiempo que le duraba el enamoramiento y luego lo mandó honestamente al diablo diciéndole que se metiera sus celos ya sabía donde...
- No creas que tu amiga pretendía ofenderte...
La vos del muchacho la sobresalto de tal manera que sin pensarlo dio un pequeño respingo, se agacho y desenfundo su arma apuntándolo directamente a la cara.
- No te alarmes. El arma no es necesaria. No voy a hacerte daño...
- Perdón –dijo Ayumi guardando cuidadosamente el arma – Pero me asustó...
El hombre la miró con los ojos sonrientes y luego dirigió su mirada al cielo, respiró profundamente y estiro los brazos con placer. Comenzó a caminar dando quizás por descontado que Ayumi lo seguiría.
Ayumi comenzó a caminar despacio detrás de él para observarlo con atención. Sus rasgos eran amables y su vos educada, hablaba en castellano pero su acento parecía teñirse de una tonada foránea, antigua por momentos, nada llamativo del todo, sin embargo algo en su persona no terminaba de encajar. Cuando Jerónimo Sebastián pasó por debajo de un foco Ayumi pudo notar dos cosas. Que no era tan joven como creía y que su ropa parecía, a pesar de estar limpia y en perfecto estado, un tanto... Arcaica...
- ¿En que puedo ayudarte Ayumi?
- Por empezar... ¿Cómo sabe como me llamo? ¿Cómo sabe lo que le pasa a mi amiga? ¿Y por que piensa que puede ayudarme? (O por que pienso yo, o Boris, que este sujeto puede ayudarme) Claro que esto lo pensó, no lo dijo.
- Es una noche hermosa ¿Verdad? –Jerónimo Sebastián parecía estar paseándose por uno de los Jardines colgantes de Babilonia más que por una oscura calle de Balbanera, pensó Ayumi con pulla.
- Perdóneme que lo saque de su ensueño don JS pero hace frío, está por llover y la verdad que esta noche de hermosa no tiene un pito si me perdona la expresión.
- ¿Un pito? – Fue todo lo que le llamó la atención del chapucero comentario de Ayumi – Pobre Ur, pero creo conveniente señalar que la querida Babilonia pudo, a partir de ahí, predominar... digamos, en la Baja Mesopotámica. En especial a partir del reinado de Hammurabi. Gran hedonista por cierto...
.
- ¿De que miércoles me está hablando? Mire señor. Tenemos un amigo en común, el creé que usted puede ayudarme... –explotó Ayumi pero su acompañante no la dejo terminar.
- ¿Un amigo en común? – Hizo una caravana con un sombrero imaginario en un movimiento alegre y pintoresco -¿que amigo en común puede tener Jerónimo Sebastián Griballdi y una jovencita tan encantadora como usted?
- Boris – Lo dijo en vos baja. Como si le diera vergüenza y repentinamente comprendió que, si, sentía algo de vergüenza ya que si ese extraño sujeto le preguntase ¿Boris que o cual? no sabría que responderle.
Pero en lugar de eso, el rostro antes armonioso y radiante del mozo, se volvió oscuro e intimidante.
- Con que “Boris”... –la vos sonaba impasible y distante – ¿Y que relación creé tener usted con Boris?, si me permite preguntar... –se detuvo frente a ella y la miraba con altivez con una mano escondida en su espalda y la otra frente a su rostro. Por momentos examinaba sus uñas con estudiada atención, como para inferir una indiferencia a la pregunta que claramente le demostraba que no le era indiferente en absoluto.
- Bue- Bueno –tartamudeo desprolijamente tratando de atar cabos en su cabeza ( ¿Qué le digo? ¿Qué es mi amante? ¿Qué no tengo la menor idea de quien es pero que en la cama me hace sentir lo que nadie logró ni logrará jamás y que cada tanto comemos chau mien cocinado por Aiko siempre y cuando no estemos cojiendo o mi amiga se aleje en la noche con una perfecta desconocida dejándome sola con este tipo que no tengo la más pálida idea de que quiere ni de que quiero yo y que ya tendría que estar contestándole algo pero que no tengo la menor idea de lo que estoy pensando? Ja, ja, ja, ja, ja...)
- Chinita... Dame la guita...
Afortunadamente (por supuesto que lo de “afortunadamente” es una mera forma de decir), una vos proveniente de la oscuridad los interrumpió. Ayumi miró en dirección de donde provenía pero no pudo distinguir nada.
- Chinita... ¿So’ loquita pero me entende’?
Confusa Ayumi hizo un techo con su mano sobre los ojos, como si la persona viniera a la distancia bajo un terrible sol del mediodía.
- ¿Quién... que?
- Ah... Hablá’ bien al menó, no hablá’ en gringo así que me entendé’... Dame la plata chinita...
Entonces el dueño de la vos se dejó ver ingresando lentamente al arco de luz. Un joven de unos veinte años, vestido con ropas gastadas y sucias y con evidentes signos de embriaguez se le acercaba esgrimiendo un cuchillo de mesa cuya hoja había sido afilada de forma manual hasta volverla sensatamente peligrosa.
- Vamó chinita loca. Dame la guita o so´’ boleta- El harapiento sujeto movía el arma en lentos círculos concéntricos a la altura del rostro de Ayumi, quien sopesando el peligro decidió darle lo que tenía en la billetera que llevaba en el bolsillo trasero de su ajustado pantalón amarillo. Después de comprar el libro y pagar su parte de la cena con Aiko no le quedaría más de diez o quince pesos de todas maneras. Las tarjetas de crédito estaban en la mochila en su espalda y dudaba que el joven caco se percatará de que llevaba una.
Ayumi miró de reojo a JS y le dijo por lo bajo – Déjeme a mi... Posiblemente se conforme con lo que yo llevo –rebusco en su billetera y le arrojó dos billetes de diez y uno de dos al malhechor- Tomá... y dejanos en paz...
El joven sin quitarle los ojos de encima se agacho torpemente y tomó el dinero arrugándolos como si fueran pañuelos de papel para desechar.
- Bonita chinita loca... Que poca platita que tené’... Me parece que vamo’ a tene’ que hace´otra cosa, otro negocio... ¿Po´que no me hacé un “pete” y así te va’ tranquila? – Con la misma mano que sujetaba el dinero, el joven bajó la cremallera de su pantalón y sacó su miembro flácido y sucio que semejaba a la lengüeta de un zapato abandonado hacía tiempo.
Incrédula Ayumi miró primero al miembro del ladrón durante unos segundos y luego dirigió su mirada a JS que se encogió de hombros con solazada indiferencia.
- Dale chinita loca... Chupame la verga...
La cabeza de Ayumi estalló. Si un caricaturista manga la hubiese dibujado, la hubiese hecho como una olla de presión estallando y la tapa volando por los aires mientras el vapor salía por sus orejas.
- ¡Deja´...! –la primera patada desarmó al muchacho –...de llamarme...- la segunda patada le dio en el vientre haciéndolo doblar -...chinita loca... – la tercera le dio en el mentón arrojándolo hacia atrás en un vuelo de más de un metro.
Temblando y aún con la guardia en alto Ayumi se quedó en vano esperando alguna reacción de su fallido manilargo, pero este solo se movía quedamente en el piso. JS golpeteó sus manos en un mudo aplauso simbólico y pasó por encima del malogrado individuo sorteándolo con una exagerada zancada.
Ayumi aún consternada pero haciendo esfuerzos por recuperar la compostura pasó por al lado del atacante poniéndose rápidamente a la par de su fortuito acompañante.
- Chinita loca... pero sabe’ peliar... – La vos del joven sonaba como el bufido de un gato – Chinita loca... Hablá sola, pero sabé pelia’
Una descarga de tres mil voltios no hubieran tenido mayor resultado que esas palabras en el rostro de Ayumi. Se detuvo en seco con los ojos extremadamente dilatados y se volteó lentamente hacía el personaje en el suelo.
Se acerco a él y pudo percibir que le había quebrado la nariz y la sangre le cubría toda la parte inferior del rostro, se acuclillo a su lado y trató de limpiarle el rostro con la remera misma del joven, pero este la aparto de un manotazo débil.
-¿Hablo sola?- Exclamó Ayumi inquisidoramente.
- Chinita loca... – Murmuro a modo de respuesta el joven y cerro los ojos desvanecido.
Ayumi giró la cabeza tan rápidamente en dirección de la silueta de Jerónimo Sebastián Griballdi que sus largos cabellos la golpearon en el rostro como pequeñas disciplinas.
Este sonrío y repitiendo la caravana con un sombrero inexistente exclamó - Jerónimo Sebastián Griballdi, escritor, poeta, enamorado eterno de Doña Florencia Maria De Marquez y Terra y suicidado y condenado a vagar eternamente por un amor no correspondido...
Ayumi solo atino a mover la boca dos veces como si tratara de besar el aire, pero no pudo modular palabra.
- Así es mi estimada Ayumi Fénix, amiga o algo más de el poco comunicativo Boris, el cual puedo distar no le ha comentado mi suerte...
La joven solo podía mirarlo en silencio.
-Caminemos mi joven amiga. La noche esta muy bella... Al menos que le disguste caminar junto a un fantasma...
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