viernes, 3 de agosto de 2007

Capítulo १

Historia primera: La Joya que Ríe

Ayumi Fénix se sentó al borde de la bañera pensativa. Pasó la pequeña toalla rosa por sus cabellos quitando las gotas que la ducha le había dejado como una corona de cristal.

-Solo Boris podría ayudarme– pero Boris no estaba, claro.

Caminó desnuda por la habitación, estremeciéndose por el frío imperante. Afuera la lluvia caía copiosamente, con una suavidad inexorable.

Me buscaras seguro

si corres peligro

y temes mucho

La oscuridad

es fría

y te intimida

Solo llámame tenuemente

Estaré en la noche

En la oscuridad.

La bella joven oriental pensó en Boris. En su espalda ancha y fuerte. Pensó en su forma violenta de tomarla, de romperle la ropa para hacerle el amor. De su aliento mezcla de tabaco y alcohol. De su barba incipiente raspándole los hombros mientras la penetraba con una dulzura que jamás vivió ni volvería a vivir con ningún hombre.

Lo recordaba desnudo, sentado, mirando la noche a través de su ventana, la pistola calibre 45 de bruñido plateado brillando en la mesita de noche y sus botas de cuero gastadísimas descansando sobre la alfombra. Ese era el “equipo” que siempre lo acompañaba a todas partes. Una pistolera colgada en banderola o ajustada a la cintura en donde llevaba el arma; una funda que adosaba a su espalda o le colgaba del hombro en la cual transportaba una escopeta del 12 y el cuchillo en la parte posterior de su cintura y por supuesto, su preferida, el estoque escondido en su bastón. Sabia también que nunca lo abandonaba una “Derringer” que solo le había visto usar una sola ves pero que ignoraba donde la ocultaba.

“Boris”, seguramente no se llamaba así. Seguramente no se llamaba de ninguna forma.

Me buscaras seguro

si corres peligro

y temes mucho

Todavía recordaba aquella noche que se animó a incursionar demasiado en su vida. Lo siguió subrepticiamente, era buena en esas situaciones, poseía un olfato especial para esconderse una milésima antes de que su fugitivo se diera vuelta presintiendo su presencia. No obstante en la Rotonda de la Boca lo perdió, Él solo se adentró en las sombras y simplemente pareció disolverse en ellas.

No tuvo tiempo de maldecirse. Obsesionada por seguir a Boris no se percató que se había metido en terreno peligroso. Demasiado tarde vislumbró a un grupo de “cabezas rapadas” que bebían cerveza sentados en la vereda mirándola en silencio. Para un grupo de racistas, sin nada que hacer en esa noche de semana, sentados alrededor de un barril de petróleo encendido para que les de calor, una joven oriental, bella y solitaria en medio de la oscuridad, era un plato exquisito servido en bandeja de plata. Si hubiesen sido dos o tres la aparentemente frágil Ayumi Fénix le hubiese dado una paliza de padre y señor nuestro, pero eran demasiados, demasiados incluso para ella. Trató de correr pero fueron excesivamente rápidos. Sus pequeñas zapatillas deportivas no estaban preparadas para andar por el resbaladizo empedrado mojado, no eran competencia contra los pesados borceguíes con suela de arrastre que se sujetaban a la piedra como ventosas. Corrieron detrás de ella mientras gritaban y arrojaban los envases de vidrio que se estrellaban cerca de ella bañándola con fragmentos de peligrosas gotas ámbar. Pensó que lograría ponerse a salvo al llegar a la parada del colectivo 64, que tal ves hubiese alguien que llamaría a la policía... Pero la parada se hallaba desierta a esa hora. La desazón la detuvo en seco por unos instantes, suficientes para que uno de ellos la golpeara con una patada en la base de su espalda con la suficiente violencia para hacerla caer casi desvanecida. De rodillas y sujetándose la parte posterior de la cadera trato de mantener el aliento y pensar en como defenderse. Alguien la tomo del cuello de la campera de plástico rojo que llevaba puesta y la levantó en vilo para arrojarla con ímpetu sobre el asfalto. La rodearon y en segundos le arrancaron la ropa. Su cerebro confundido por los golpes solo le daba una orden por conservación pura: ...permanecé quieta, que obtengan el sexo que desean, luego busca la forma de correr, golpearlos, huir, lo que sea... pero no dejés que te maten... Y luego sus ojos se nublaron y solo pudo percibir las gotas de lluvia en el rostro.

Las gotas de lluvia en el rostro...

El frío...

Los sonidos de lucha y los gritos de dolor...

Sin embargo... Le llamó la atención el hecho que no podía sentir sobre sí las manos de los “cabezas rapadas”, ni sus alientos espantosos oliendo a alcohol, ni sus risas cínicas... Algo más estaba ocurriendo.

Al cabo de un tiempo que le fue imposible calcular sintió, con un estremecimiento, unas manos enormes, enfundadas en guantes sin dedos, similar al de los motociclistas, que le colocaba un abrigo sobre los hombros. Notó que estaba completamente desnuda y empapada por la lluvia, solo cubierta por el piloto que él le había puesto delicadamente sobre sus espaldas. El aguacero era la única música que los envolvía a los dos y lavaba la sangre de los que cometieron el error de atacarla.

Cuando sintió que estaba perdida y de la misma nada, salió él, caminando con dificultad con su bastón y derroto a sus atacantes, dejándolos inconscientes o algo más en el piso.

La luz de la luna y el resplandor del fuego del barril daban un albor fantasmal a la escena.

El caminó unos segundos esquivando por sobre los cuerpos, mirando en que estado los había dejado a uno y otros. Tal ves diez o quince en total. Luego se acerco a ella y sin decir palabra le puso el brazo sobre los hombros y la acompaño a sentarse en un banco cercano.

Ayumi sintió la profunda necesidad de hablar, de gritar, pero más que nada de justificarse. De justificar la tremenda metida de pata que había sido seguirlo y provocar (aunque sea de manera indirecta, semejante carnicería)

- Es que no se nada de vos... – le dijo la muchacha temblando por el frío y la ansiedad - Solo te vi una ves en un bar y tomamos una copa en otro... No sé... No sé... ¡No sé ni de que trabajas...! – y ya sin saber que decir agregó desesperada - ¡O si tenés un segundo nombre...!

- Mi segundo nombre es Vicente y trabajo de payaso en un circo – contestó él secamente.

- ¡¿De pa... En un cir...?! – Apenas balbuceo entre estremecimientos - Entiendo. Y seguro que tampoco te llamás Vicente -

-Tampoco -

La oscuridad

es fría

y te intimida

Él le regalo una sonrisa, no la vió, la adivinó en sus ojos ya que casi siempre llevaba un pañuelo negro cubriéndole la boca. Se acomodó un poco el sombrero de vaquero de alas anchas del mismo color y desapareció en la noche, dejándola bañada por las rojas luces policiales.

Ya rebuscaba en su cabeza la forma de explicarle a la policía lo ocurrido cuando el rugido bajo y profundo de un motor le llamó la atención.

Un Ford 1938, que pensó negro en un primer momento pero que luego sabría que era de un marrón muy oscuro se detuvo a su lado.

La puerta se abrió sola y ninguna luz iluminó el interior, una extraña música que no pudo reconocer en un primer momento y que eventualmente se enteraría que se trataba de Charles Aznavour cantando “La Bohéme”, la inundo confiriéndole la primera calidez de esa noche.

-¿La llevo señorita? – La vos de Boris salió de la oscuridad como una bufanda aterciopelada y negra que se le enroscó por los tobillos hasta detenerse en sus senos provocándole escalofríos.

Subió al interior del coche con un saltito simpático y besó a Boris en la mejilla justo en el mismo momento en que el primer patrullero se asomaba en la esquina haciendo rechinar los neumáticos por al frenada.

-Pensé que me ibas a dejar aquí – Dijo Ayumi aún temblando un poco.

- Nha... Necesito recuperar mi impermeable.

Al llegar a el departamento de Ayumi en la calle Bartolomé Mitre al 2100 esta se bajo y le dio el impermeable quedando completamente desnuda en la puerta del edificio con una clara invitación a subir a su departamento en los ojos. Pero no se sorprendió cuando la puerta se cerró nuevamente sola y el auto arranco sin sonido alguno y se perdió en la esquina.

Angela, la encargada del edificio que se hallaba baldeando la vereda, la miro extrañada pero no del todo sorprendida y se apresuro a quitarse el guardapolvo que usaba habitualmente para cubrirla.

-¿Una noche movida, Ayumi?

Con una breve sonrisa Ayumi contesto: - ¡Como todas!

Un mes después y siempre de manera mágica apareció en su departamento y

sin mediar palabra la poseyó.

Solo por que él dejó caer su billetera descubrió una credencial de investigador privado. Y supo de alguna manera que lo había hecho a propósito. En la credencial su nombre era Boris, así de simple y así de inquietante, solo Boris. Ni nombre de pila, ni especificación si es que se trataba de su apellido o que. Pero la credencial era autentica o al menos reflejaba algún poder. La había utilizado con la policía en más de una oportunidad y los agentes cumplieron sus requerimientos con reverencia y, aunque esto es solo una suposición propia, algo de temor.

Solo llámame tenuemente

Estaré en la noche

En la oscuridad.

El haiku que Boris le había dejado escrito en una servilleta de papel y ella colocó pegándola con una chinche a la pared sonaba ominoso en lugar de reconfortante.

Le hubiera encanto poder llamarlo para contarle lo nerviosa que estaba esperando un llamado. Pero Boris no estaba para eso.

Se puso unos pantalones livianos de algodón y una camiseta enorme y calzó sus pies con sus clásicas pantuflas con caras de conejo. Se acerco a la ventana pero la noche solo le devolvió su reflejo.

-¿Dónde estás Boris? - Sabia que si lo pronunciaba tres veces a la noche... Boris aparecería - ¿Dónde estás Bor...? – El sonido de su celular la sobresalto.

- ¿Ayumi Fénix? – Dijo la firme vos de un hombre del otro lado de la

línea

- ¿Si? – Ayumi sintió aún más frío

- ¿Ese es su nombre autentico? –

- Si - mintió deliberadamente-

- Bien -dijo descreída la vos – Habla Kenzo Ishikawa. Venga inmediatamente a la redacción del “Tokio Baires” me interesó su propuesta.

- Oh... Bien. Estaré ahí en unos minut... – el sonido de la línea muerta la interrumpió... – Genial – Exclamo muy bajo y se levantó para cambiarse de ropa.

La Entrevista

- ¿Ayumi Nikkei?, pensé que su nombre era Ayumi Fénix – le dijo el hombre mirándola sarcásticamente por sobre los papeles que tenía en la mano.

- Nikkei es mi apellido real, “Fénix” es mi nombre de... de... batalla, digamos

( “Todo un discurso” pensó Ayumi y trago disimuladamente saliva.)

- ¿Nombre de batalla? – Ayumi movió los labios para decir algo pero la boca se le lleno de saliva y le ahogo la respuesta – Entiendo – completó el hombre y descartó la conversación poniéndose de pie.

Aún en la inmensa habitación al hombre se lo veía grande. Enorme para ser oriental. Kenzo Ishikawa era una de las fuerzas más poderosas en medios de comunicación de todo Japón y desde hacia seis meses había hecho base en Argentina. En este país la colonia japonesa era grande y aumentaba día a día por lo cual el magnate nipón decidió manejar personalmente la apertura de la versión “argentina” del periódico “Tokio City” más una revista que aun no tenía nombre. Una nueva revista no era novedad pero sí esta apuntaba también al mercado occidental haría que trabajar en un medio tan prestigioso como el “Tokio City (o su versión nacional “Tokio Baires”) ya fuese mucha cosa. Pero si además podía colaborar o estar en la planta permanente de esta nueva publicación con la poca experiencia que ella tenía sería más vale... Un milagro.

-Necesito a alguien como usted señorita Fénix ¿Debo llamarla Fénix? Alguien que tenga digamos... Esa visión... Un tanto occidental y porteña. ¿Nació en San Telmo, no es así?

- Si. De padres japóneses.

- Claro... Nikkei... ¿Habla japónes?

- Bueno… Yo… - balbuceó pero no llegó a formar una oración. Ishikawa se dió la vuelta y se estaba sirviendo bebida de una botella de cuello corto.

- ¿Le molesta si me sirvo una copa?

Ayumi no se molestó en contestar. Sabia que le molestara o no tomaría esa copa de todos modos.

- La investigación a la que quiero que se dedique es acorde a sus...Digamos... “talentos”...– camino resuelto hacia su enorme escritorio, reviso brevemente varios papeles y saco uno en particular que pareció provocarle una extraña y oscura alegría - ¿Detective privado? ¿Es usted periodista y detective privado?

Por algún motivo, tal ves por que Ayumi se sentía profanada en su intimidad o por que ese magnate, arrogante e inmortal se estaba deleitando con torturarla durante la entrevista sintió una furia fresca y dulce crecer dentro de ella que buscaba brotar como un beso espontáneo. Pensó que ningún trabajo merecía la pena pasar por esto y ese solo pensamiento la relajo inmediatamente. Decidió darle a la charla una oportunidad más pero la última, y sin miedo ni nada que perder (Bueno... Tal ves otros tres meses sin trabajo) respondió.

- Mi especialidad es la investigación señor Ishikawa. No existe mucha diferencia si lo que se investiga es el paradero de una historia como lo hace cualquier periodista o el de una persona o un determinado caso que...

-¿Y... Un marido infiel? – Interrumpió secamente Ishikawa –

-¿Perdón?

-¿Alguna vez tuvo que investigar a un marido infiel? – Ayumi trato de leer en los ojos del prohombre que trataba de decir, si estaba bromeando, o solo la estaba poniendo aprueba; pero una sombra oscura y cruel velaban sus ojos con una siniestra gravedad.

-No... No tomo... casos... de infidelidad– apenas alcanzo a articular Ayumi temblando como una hoja pero no desvió la mirada.

Ishikawa la miró por unos instantes más. Ayumi pudo sentir que en ese

momento estaba por catalogarla de forma definitiva y pronto le diría si estaba o no dentro del juego. Con una extraña y carnavalesca risa el magnate se acerco y le estrecho la mano derecha sujetándosela entre sus enormes manos, con sacudidas breves y vertiginosamente rítmicas y la sonrisa del gato “Maneki Neko” estampada en su rostro lo que lo desfiguraba un poco confiriéndole un aire más infausto que cómico o amable. Creando con esa actitud, tal vez la mayor de las confusiones en la cabeza de Ayumi esa noche.

Ella solo alcanzó a esbozar una breve sonrisa y a agradecer con pequeñas inclinaciones de cabeza acompañando los movimientos involuntarios de su mano.

- ¡Muy bien señorita Fénix! El puesto es suyo... Ahora bien. Le diré de que se trata la investigación – sin esperar reacción de ningún tipo se dirigió al pequeño bar y sirvió dos vasos de un liquido transparente que al probarlo Ayumi comprobó que era sake .

- La historia en si es sobre “La Joya que Rie” – Mi secretaria le dará los detalles... Ya es tarde y usted debe conducir. Buenas Noches – como si se tratase de una ceremonia Ishikawa se instaló de espaldas mirando la lluviosa noche por el inmenso ventanal que poseía su oficina ignorando por completo a Ayumi y dando por terminada la entrevista.

Ayumi ya entendía lo suficiente como para saber que el encuentro había concluido. Se inclino respetuosamente varias veces a espaldas de su nuevo jefe y se retiró en silencio.

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